En una noche en la que el Buesa Arena hervía desde el salto inicial, el Kosner Baskonia logró una victoria con más corazón que brillantez ante un combativo LDLC ASVEL Villeurbanne (78-73), rompiendo una mala racha y sosteniendo con uñas y dientes la esperanza de play-in en la Euroliga.
Baskonia salió con la lección bien aprendida tras la derrota del miércoles en la segunda vuelta de la competición: imponer su ritmo, correr cuando podía y explotar cada ventaja en el marcador para llenar de energía a su gente. Con la ausencia sensible de Markus Howard por lesión, los gasteiztarras sabían que tenían que repartirse la responsabilidad ofensiva, y por momentos lo consiguieron.
En los primeros veinte minutos, los locales llevaron la iniciativa con un ataque coral que encontró puntos desde varias manos —especialmente con Timothé Luwawu-Cabarrot encendido desde el perímetro— y un juego más físico bajo el aro. Esta dinámica permitió a Baskonia marcharse al descanso con una ventaja que, aunque nada definitiva, ponía las cosas de cara (44-35).
Pero el ASVEL, con orgullo francés y concentración renovada tras el descanso, ajustó su defensa y empezó a minar esa pequeña renta vitoriana. El conjunto visitante, liderado por Bastien Vautier y la aportación interior de Paul Eboua, encontró vías para reducir distancias y dar la vuelta al marcador a finales del tercer cuarto (58-59).
El cuarto final fue un pulso constante. Baskonia sintió la presión de un ASVEL que no bajó los brazos, y la tensión subió cada vez que los visitantes se acercaban. Pero si en algo venía pecando este Baskonia irregular, fue en saber sufrir cuando sopla el viento en contra: ahí emergieron los detalles que arrancan victorias.
En los instantes decisivos, con su afición entregada y el reloj como enemigo, los azulgranas apretaron las tuercas en defensa y aprovecharon cada posesión para recuperar el mando. Y aunque el partido acabó por decidirse por detalles —un rebote ofensivo clave, un robo a campo atrás, una canasta en transición—, el triunfo local reflejó la capacidad del equipo de Galbiati para remar contra corriente cuando hacía falta.
Al final, 78-73 en el marcador, un resultado que vale mucho más que dos puntos: lo hace con más sabor para el Baskonia, que recupera confianza en casa y frena el impulso de un rival que venía con ganas de arañar en Vitoria.

